No me da la gana de endulzar las palabras con azucarillos de dos
duros.
No necesito que me digan “hoy no vales” para salir y correr.
Detesto las idas y venidas.
Y odio... las miradas que se clavan punzantes en mi nuca cuando giro cada esquina...
la esquina de algún sitio donde no quiero ni estar.
Alivio las promesas que me hice,
y ahogo las ideas que vendrán.
Entre tanto y nada, y suma y sigue,
me agobio en un vaso y su cristal.
Me ahogo entre palabrería absurda...
y absurda tu promesa si te vas.
Enciendo cada llama, a cada paso...del peso que me quitaré al caer...
pues caigo,y me levanto y sigo andando
pero tu herida... no se endulza con la miel.
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