domingo, 1 de septiembre de 2013

Arde.

Me va a estallar el duende que tengo encerrado en el pecho. Cada sonido que sale de tu boca se clava más y más hondo. Agujereas a ratos los sorbitos y los tragos…de este amargo desenlace de tu cama y mi colchón. 
Como quema que te acerques, y mas arde si te marchas.
Y mira por la ventana que da la luz a tu risa. porque hace ya bastante que tu risa se apagó. Ni ríen hoy esas las ganas de seguir andando a oscuras, por este agujero amargo que se oculta en mi interior. Que duele, que quema, que arde y me invade. Que explotas, que exploto, que explota sin más.
Cómo marchitas las hojas de aquel rosal de tu oreja. En el que crecían puras las ganas de andar sin más. 
Las notas de tu libreta salen volando sin rumbo. Y tú te pierdes en ellas y muy lejos te me vas...

No vuelvas nunca, si el duende se ha vuelto color de amor. Si es negro, oscuro o marchito, en un triste corazón. Quédate perdido en ellos. Encuéntrate solo a ti. Tal vez así te acostumbres, y te deshagas de mi.

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